No sé, cuando empezó en él, esta
extraña atracción hacia el claroscuro. Tal vez durante una visita
en una exposición de pintura de aquellos maestros que empezaron
jugar con la luz y las sombras. Con el paso de tiempo ha trasladado
su atención de las pinturas a las calles y caminos por los que
transitaba. Descubría como los mismos lugares se ven diferentes
dependiendo de que si los miramos al amanecer, al mediodía o al
atardecer. La intensidad de la luz, el ángulo de los rayos solares,
permiten descubrir muchos matices, muchos detalles, invisibles a la
primera vista. Para poder ver eso se necesita tiempo, atención y
paciencia. Si eso pasa con los paisajes con los objetos afuera,
también pasa con nuestra vida, con las personas y hasta con los
problemas. Para tener una imagen completa, llegar a ver los detalles,
hay que ver en diferente luz. No sacar conclusiones precipitadas
después de una sola mirada. La belleza en su plenitud a veces tarda
en revelarse.
Feliz martes de luz.

No hay comentarios:
Publicar un comentario