Le sobraban consejeros, expertos de todo
tipo, que tenían clara opiniones sobre lo que ella debería hacer
con su vida. A ninguno de ellos se les ocurrió preguntarla lo que
ella siente justo ahora. Había muchas cosas que pasaban por su mente
y por su corazón. Las palabras se escapaban entre las lágrimas y
entre los suspiros. Aquellas palabras unidas a muchos
“sentipensamientos”, porque a cada pensamiento lo sentía y cada
sentimiento lo pensaba. Se sentía atrapada en un crucigrama en el
que se convirtió su vida. Pensaba que a nadie le debía nada, sin
embargo todos reclamaban algo diciéndole que les pertenecía y que
tenían derecho a ello. Parece que al final todos nos topamos con el
mismo problema: decimos lo que pensamos, pensamos lo que decimos,
pero no siempre sentimos lo que decimos y pensamos, pero si sentimos
lo que nos dicen lo que piensan de nosotros. Hay que sentir, tratar
de aumentar nuestro grado de empatía, tratando de ponerse en los
zapatos del otro. Eso sí, escuchando opiniones de otros con lo que
tal vez no estamos de acuerdo, cuestionarse también si estas
opiniones no nos invitan a ampliar nuestra mirada. Salir de la
cerrazón, a veces un poco egoísta, en el que nos hemos metido,
justificándonos que somos los únicos en el mundo que sienten, lo
que sentimos. Todos sienten algo y aunque nos pueda imposible nos
pueden entender.
Feliz sábado de buenos
“sentipensamientos”.

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