Al
principio no entendía nada. No sabía a qué se refería cuando le
decían que estaba muy lejos. Si en los últimos años no ha hecho
ningún viaje. Su vida transcurría entre el trabajo y la casa, más
precisamente su sillón preferido en el que solía pasar bastante
tiempo viendo como pasa la vida. La vida en la pantalla la que lo
llevaba a lugares lejanos y tiempos futuros, con frecuencia lo
sumergía en discusiones aceleradas de los políticos o competiciones
deportivas. Todo en el mismo lugar, tan cerca y al mismo tiempo tan
lejos de su familia. No participaba en sus conversaciones, no se
emocionaba con sus vidas. No lo hacía porque desconocía, ignoraba
lo que estaban viviendo, no lo veía en su pantalla. Ahí estaba la
distancia sobre la que le intentaban a hablar. Porque la distancia no
solo puede ser física sino también emocional. Hay demasiada
distancia en nuestras casas, muchas veces por culpa de tantas
pantallas de todos los tamaños pero no solo por eso. Antes de que
sea demasiado tarde revisa tu distancia y si existe y aumenta
pregúntate ¿cuál es la causa?, y trata de acortarla.
Feliz
martes sin mucha distancia.

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