No era una persona a la que le
gustaba correr riesgos. Nunca se sentía atraída por los juegos de
azar. No apostaba en ellos nada y sin embargo toda su vida era una
apuesta sin ninguna seguridad de ganancia pero con claras
convicciones de que apostando por unas cuantas cosas básica y
sencillas se puede vivir una vida feliz. Así que apostaba por
amistad aunque no todos amigos eran de fiar y algunos a lo largo de
su vida le han fallado. Apostaba por participación porque un sueño
en común se hace más grande y más posible que un sueño en soledad
aunque uno no quita al otro más bien lo enriquece. Apostaba por
respeto y generosidad porque solo dándolos se puede esperar recibir.
Una desilusión y aparente fracaso no son los frutos son las
dolorosas consecuencias de crecimiento y maduración. Aunque no te
guste jugar apuesta por tu felicidad vivida con los ojos abiertos y a
pleno pulmón.
Feliz sábado de buenas apuestas.

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