La discreción ha desaparecido de su mundo. Todo lo que se hacía, se hacía
con mucho ruido. Se publicaba en las redes sociales y no quedaba espacio para
la intimidad, la confianza y reflexión. Todo obedecía a la regla: “Me muestro
luego existo”. La imagen sustituyó el pensamiento y la reflexión, que permitía
mantener las cosas bien ubicadas en el tiempo y tomar una cierta distancia de
ellas, para poder entender mejor lo que está pasando. El problema no es la
imagen en sí, sino la saturación de imágenes. Cuando son tantas, no se les
presta suficiente atención y muchas pasan desapercibidas. Hay que devolverle a
la discreción su lugar y protegerse de la saturación para no llegar al hastió. Respeta
tus espacios y los de los demás para que ellos a su vez respeten los tuyos.
Feliz miércoles de discreción.

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