Cada día nos toca a hacer muchas decisiones. Algunas de ellas son muy
importantes incluso vitales, otras no tanto. No importa el grado de importancia
cada una de ellas cambia, modifica algo, tiene sus consecuencias que
normalmente son inevitables. No existe “un anestesiante” que nos libre o
proteja de las consecuencias de nuestras decisiones. Tomándolas hay que revisar
hasta donde sean posibles las consecuencias que pueden atraer. Si no las
tomamos en cuenta podemos a empezar a sentirnos víctimas de otros. Puede ser
que otros nos puedan hacer el daño, pero no olvidemos las consecuencias de
nuestras decisiones. Así como decidimos una u otra cosa podemos decidir a ser
felices a pesar de todo. Porque aunque no nos parece la felicidad es cuestión
de decisión que luego la acompañan sus consecuencias y hasta pueden provocar
cambio de ciertas circunstancias que pensamos que nos impiden a ser felices.
Puedes decidir ser infeliz o feliz tú decides el resto es la envoltura. La
felicidad está en tu esencia misma.
Feliz martes de felicidad.

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