Cada vez que pensaba en el cuidado pensaba en las palabras, miradas y
gestos. Cosas que escaseaban en su infancia y que hoy necesitaba
tanto. Sentía que si no lo tiene, no lo puede dar, pero si lo puede
recibir. Lo que pasa que muchas veces no se recibe
lo que nunca se dio. El mundo a su
alrededor a veces parecía lleno de heridas y los que estaban ahí,
estaban dispuestos todo el tiempo lastimarse más y hacerse aún más
daño. Contra sus espinas tan puntiagudas y
sus agrios comentarios, lo único que tenía era la sonrisa y su
alegría unida a sus palabras. Con
ellas podía abrir las puertas para poder recibir más. No creas
nunca de que no tienes nada que ofrecer, no esperes de los demás que
te lo den sin que tú hagas un esfuerzo. Trata de dar el primer paso,
ofrecer la primera sonrisa, decir la primera palabra, y lo demás
llegara después, pues la mayoría de las personas no te dejará sin
respuesta.
Feliz
sábado de dar primero.

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