Ha
despertado con una extraña sensación que hoy las sonrisas la han
abandonado y no aparecerán en sus labios durante todo el día. Las
cosas se han complicado que todo invitaba a caras largas y un rosario
de quejas. Eso penaba antes de mirar por la ventana. Cuando por fin
miró vio que ahí afuera se levantaba un nuevo día que tenía todos
los ingredientes necesarios para sonreír, cantar, bailar, ser feliz.
Solo necesitaba mezclarlos en un recipiente, y ese recipiente lo
tenía en su corazón. Aunque la cabeza con sus miedos y sus lógicas
a veces se opone e inventa miles de argumentos en contra, siempre
apoyada por su fiel escudera la experiencia negativa, tú no te dejes
convencer por ellos. Mezcla cada mañana, cada día tus dosis diarias
de felicidad y contagia a otros. No todos tienen una buena ventana.
Feliz
viernes de mirar por la ventana.

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