Cada vez que había problemas, no
cumplía con sus responsabilidades, salía con “un cuento”. A los
que lo rodeaban, ya no le interesaban estos “cuentos”, eran muy
repetitivos y con el tiempo se acostumbraron a que cuando se trata de
un compromiso serio no pueden contar con él. Muchas veces luego
protestaba, se molestaba con ellos que le marginan, excluyen. Nadie
lo hacía, fue él que no supo enfrentar su realidad de poco
compromiso y con muchas excusas. Los cuentos pueden entretener, ser
curiosos por un tiempo, cuando se vuelven repetitivos, molestan. A
todos nos pasan cosas, todos tenemos contratiempos, pero no todos
convertimos es en excusas y pretextos para abandonar nuestros
compromisos. La mayoría a pesar de todo se sacude y procura
responder a lo que de ellos se espera y exige. Sé sincero contigo
mismo/a y revisa si no cuentas cuentos y si lo haces reconoce y trata
de cambiar. Tienes tiempo para eso.
Feliz sábado con pocos “cuentos”.

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