Siempre tenía objetivos claros en la vida y hacía todo lo posible para
alcanzarlos. Iba directamente a ellos, no se quedaba con pequeñeces y no le
gustaban los retrasos. Todo eso sería admirable y digno de ser imitado, si no
fuera por un pequeño detalle. Su obsesión por los objetivos por un lado, pero
su falta total de interés por las cosas que puede encontrar, vivir en el camino,
que lo lleva a ellos, por otro lado. Su vida parecía un mapa llena de puntos
con banderines, pero con espacios vacíos entre ellos. Lo más bello, emocionante,
rico, sorprendente, ocurre en el camino, durante el proceso. Ponte objetivos en
tu vida, pero también pon atención a lo que ves, vives, aprendes, experimentas
en el camino y a las personas que encuentras, que también viven sus procesos.
Es la verdadera riqueza del camino. Los objetivos son simples puntos de llegada
y de partida. Terminando una etapa, empezamos otra. Tan rica y llena de
experiencias como las otras, de ti depende si prestes suficiente atención. Si
no lo haces, te pierdes muchas cosas para siempre.
Feliz viernes de poner atención al camino.

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