Aunque
sus ojos no veían como antes su mirada seguía siendo radiante.
Iluminaba muchas cosas que parecían estar en la penumbra. Es que en
sus ojos había algo que otros ignoraban o si no lo ignoraban le
restaban la importancia – ella amaba a los demás, amaba la vida
que les poblaba, el mundo en que vivían. Su amor no negaba la
existencia de los problemas, de las maldades, pero no les convertía
en protagonistas de sus días. Decidía adrede quienes y cuales
sentimientos y actitudes serán protagonistas de su vida diaria. Así
tenía asegurada su dosis de bondad para cada día de su vida, por
muy nublado, gris que sea. Nadie le pido quitar eso. No dependía de
la agudeza de su vista sino de la bondad de su corazón, y como en la
naturaleza las cosas se atraen su bondad atraía más bondad. Ama a
la vida y bondad vivirás más cosas bellas y tu vida tendrá más
luz.
Feliz
miércoles de mirada luminosa.

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