Nada adorna más y mejor que la
alegría. Desde los más pequeños hasta los más mayores se
transforman cuando en sus rostros aparece la alegría. Es algo más
que una carcajada fruto de un chiste. La alegría es como el aire que
entra en nosotros. Alimenta la sonrisa y hace más ligero lo que
pesaba antes. Tiene el poder de amortiguar los disgustos y hacer que
las palabras llenas de enojo resbalen y no penetren en nuestro
interior infectándonos y contagiando. Suele atraer y hace que uno se
sienta cómodo en un lugar desconocido y con gente extraña. Reparte
alegría a tu alrededor. Será el ingrediente perfecto para todos los
platos de tu mesa. No hará daño a nadie y no existe peligro de
sobredosis. Es capaz de adornar cada lugar incluso el más humilde
convirtiéndolo en una mansión llena de lujo. Que sea un signo de
presentación de estos días.
Feliz lunes de repartir alegría.

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