Los
días escurrían sobre ella sin empaparla con su contenido. No eran
días vacíos era más bien su dureza que la volvía impermeable.
Hace tiempo decidió ser así y era una buena decisión en aquel
momento. Tenía que hacerse insensible, para no dejarse destrozar más
por todo que la rodeaba. Siempre guardaba su espacio protegido, que
nadie pudo tocar ni meterse en él. Mucha agua ha corrido desde
aquellos días. Hoy su protección la seguía aislando pero ya no de
los peligros de hace años sino de muchas cosas buenas maravillosas
que estaban ocurriendo a su alrededor. Muchas veces eso nos pasa en
la vida, lo que en un momento ayuda en otro perjudica. Así que
tenemos que ser vigilantes y a cada momento buscar sus formas y
actitudes par con el afán de protegernos de lo malo que es muy
razonable, no estemos impidiendo que nos llegue lo bueno que sería
triste y doloroso.
Feliz
lunes sin protecciones obsoletas.

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