Los
que vivían con él tenían la sensación de que cada vez veía
menos. No por algún problema de vista que lo estuviese limitando,
sino por su despiste y su descuido. Al vivir en el mismo lugar, hacer
las mismas cosas, se acostumbró prestar el mínimo de atención a lo
que tenía a su alrededor, y como no se fijaba en lo que tenía,
tampoco se fijaba en los que había. Su única seguridad consistía
en saber, que seguían en los mismos lugares con las mismas
actividades, pero no sabía más que eso. Puede ser que en nuestra
vida ciertas personas no cambian de lugar, ni siquiera cambian de
actividades, pero si cambian de sentimientos, cambian de anhelos y
cambian sus sueños y deseos. Cuando les prestamos atención, van a
más, crecen en confianza y autoestima. Cuando les dejamos de hacer
caso, se encogen, se cierran, y a veces no sueñan con otra cosa que
no hacerse invisibles para sus seres queridos, que cada vez les
ignoran más. No te acostumbres demasiado presuponer las cosas y no
mirar en atención, obviando los detalles. Cada día es diferente y
en cada uno de ellos tanto para ti, como para los demás, pasan
cosas. No las ignores, porque al final de cuentas son ellas que
forman a nuestras vidas.
Feliz
viernes de mirar con atención.

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