Mirian
no sabía donde se fue su calma. Parece que ayer en un descuido, se
le escapó el resto de la alegría. Les echaba la culpa a los niños,
que siempre dejan la puerta abierta. Pero no era la culpa de la
puerta. Era la culpa del agujero, que el estrés ha taladrado en su
alma. Por ahí poco a poco se iban escapando las cosas. Parece que la
última en irse fue la paciencia. Ahora Mirian necesita sentarse y
con una mezcla de cariño y mimos, tapar los agujeros de su alma.
Cuidado en estos días de preparación, las prisas provocan
desgarres, los demás no tienen porque sufrir nuestras faltas,
nuestra incapacidad de cuidarnos a nosotros mismos.
Feliz
Martes de tapar los escapes de alegría.
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