A medio camino entre la alegría y la tristeza, se
sentaba su realidad. Confundida, sin saber a donde quiere ir, se
quedaba inmóvil, viendo como pasa la vida con su carrito de
sorpresas. No se sentaba por cansancio, ni por la comodidad, más
bien era el miedo paralizante de dar un paso hacia lo desconocido, y
el miedo de perder algo o alguien. La realidad no aceptaba, que en el
camino de la vida, si uno avanza siempre deja atrás algo viejo para
poder recibir algo nuevo. Una perdida nos prepara para una ganancia.
Tanto el nacimiento como la muerte son dolorosas para una parte, pero
son necesarias. Si uno se queda paralizado, estancado sin avanzar, su
vida se vuelve insípida.
Feliz Domingo de descubrir sabor de su vida.
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