domingo, 13 de abril de 2014

La Fe pequeña

Creció su cuerpo, pero no así su fe en si misma. Por eso cada vez que estiraba su fe a un lado, le faltaba en otro lado. Se parecía mucho a una manta demasiado pequeña con la que uno intenta cubrirse en una noche fresca. Si cubre la cabeza, descubre los pies. Para que crezca la fe, hay que ajustarla y fijarla en cada etapa de la vida. A lo largo de nuestro crecimiento físico, necesitamos oír con la frecuencia imperturbable, “Tú vales”, “Tú puedes”. Siempre creemos menos en nosotros que los demás, y la opinión de otros, es la base de muchas creencias, positivas y negativas. A nadie hará mal, una dosis de fe inflada por las buena vibra de los demás, sobre todo de los familiares.



Feliz Domingo de inflar nuestra fe.



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