Evaristo presumía, que en su casa hay silencio, que
nadie levanta la voz. Muy cierto era lo que decía. Solo que
ignoraba, que en su casa gritaban los ojos y las miradas. Él no lo
sabía, pues hace tiempo, que nadie le hablaba mirando los ojos. La
disciplina y el orden que ha mantenido, según él, para que
respeten, se ha cobrado un alto precio de amor, confianza y ternura.
Todos, hasta su esposa le obedecían, casi nadie lo amaba. Y cuando
callaban sus bocas, gritaban sus ojos. No solo escuches las palabras,
escucha también los silencios y mira, entiende lo que gritan los
ojos. Solo así podrás decir, que pusiste atención a una persona y
respetando fuiste respetado, escuchando fuiste escuchado.
Feliz Jueves de escuchar las miradas.
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