jueves, 10 de abril de 2014

Ojos que gritan

Evaristo presumía, que en su casa hay silencio, que nadie levanta la voz. Muy cierto era lo que decía. Solo que ignoraba, que en su casa gritaban los ojos y las miradas. Él no lo sabía, pues hace tiempo, que nadie le hablaba mirando los ojos. La disciplina y el orden que ha mantenido, según él, para que respeten, se ha cobrado un alto precio de amor, confianza y ternura. Todos, hasta su esposa le obedecían, casi nadie lo amaba. Y cuando callaban sus bocas, gritaban sus ojos. No solo escuches las palabras, escucha también los silencios y mira, entiende lo que gritan los ojos. Solo así podrás decir, que pusiste atención a una persona y respetando fuiste respetado, escuchando fuiste escuchado.

Feliz Jueves de escuchar las miradas.

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