La curiosidad le empujaba hacer muchas cosas. Desde
que era niño, la curiosidad le metió en muchos problemas y
peligros. Sus padres, a veces se desesperaban, porque no sabían,
como dominar sus energías. Con tiempo la curiosidad le permitió
encaminar bien sus estudios, hacer excelentes trabajos de
investigación. Ya no se metía en los problemas de antes, ni tenía
las mismas energías. Al contrario, se volvió bastante apátco y
quejoso, como si hubiera gastado todas sus energías en su infancia.
Le faltaba curiosidad para ver que hay por otro lado de las quejas, o
dicho de otra manera, como sería su vida si se quejase menos y
disfrutase más de las cosas de la vida. Parece que a estas alturas
de la vida, tenía miedo de probar ser diferente. Siempre a la mano
tenía la excusa, que ya es demasiado tarde para cambiar.
Feliz Lunes de tener curiosidad de probar la vida con
menos quejas.
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