Doña Esperanza tenía, en al esquina de las calles
Tal Vez y Ultimo Intento, su pequeño almacén de suspiros y
sorpresas. Había ahí de todos los tamaños e intensidades. Ella no
vendía falsificaciones, ni nada artificial.Todo era 100% natural y
verdadero. Lo que uno encontraba ahí, iba directo al corazón. Les
costaba mucho a los desconfiados, cruzar la puerta de su pequeña
tienda y respirar el aroma de que todo es posible. Algunos
disimulaban, que los suspiros que encargan y las sorpresas que
esperan, no son para ellos, sino para unos amigos, que no pudieron
venir. Otros ocultaban su emoción tras las gafas oscuras... Les daba
vergüenza reconocer sus anhelos. A todos nos viene bien desear algo.
Un profundo suspiro y espera de una sorpresa, muestran, que estamos
vivos y no estamos vencidos, por la negatividad reinante.
Feliz Viernes de Suspiros y Sorpresas
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