Todavía
muchos ayeres le están arañando la espalda y pesando, como la
antigua bola de hierro, que llevaban encadenada a su pie los
convictos. Sabía que el futuro estaba ahí delante sus ojos, pero
era tan difícil de librarse de la cómoda costumbre de ser víctima.
Así por lo menos tenía asegurada una lagrimita barata de compasión.
Como la felicidad parecía tan insegura, se abandonaba a su segura
infelicidad . Mendigando la solidaridad y suspiros de empatía. A
veces los tristes van en manada, aunque no lo ven y los felices andan
aparentemente solos. No tengas miedo de ser feliz y recibirás el
abrazo del universo.
Feliz
Martes de dejarlos pesos del pasado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario