Doña
Apurada y La Paciencia no se conocían, prácticamente ignoraban su
existencia. No han aparecido juntas en ningún cuento. Por las prisas
y apuros Doña Apurada sentía, que siempre se le estropean, tanto
los inicios, como los finales de sus proyectos y emprendimientos. El
orgullo no le permitía a la Doña reconocer, que necesita de los
demás, mucho menos de aquella extraña y desconocida Paciencia.
Cuando tenemos mucha prisa empezamos mal, y lo que mal empieza,
difícilmente bien va a terminar. La misma prisa impide, que terminen
bien incluso las cosas, que bien han empezado. Cada final, como una
fruta dulce y jugosa, necesita su tiempo de maduración.Y para que
madure bien necesita de otros elementos, como nosotros de otras
personas.
Feliz
Sábado de Paciencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario