Se
decía de él que tenía un buen corazón. Tal vez para muchos era
sorpresa, pues ellos normalmente veían una persona tosca ocupada en
mil cosas. Su ropa de trabajo llena de manchas. Difícil
ver ahí alguien cariñoso atento y sabio. Así
como en silencio arreglaba las cosas de la casa que sufrían
desperfectos, así arreglaba los corazones. Lo hacía sin decir
muchas cosas, porque sabía que los corazones rotos están llenos de
dolor, parecen hinchados de sufrimiento, y hay que permitir que este
dolor salga con palabras y lagrimas, para que los pedazos arrancados
vuelvan a su lugar. No tenía prisa en dar consejos, solo acompañaba
a los confundidos reencontrar su propio camino. No pretendía ayudar,
solo intentaba estar al lado de los que lo necesitaban, porque estar
al lado es la mejor forma de ayudar sin estorbar, ni entorpecer.
Procura estar al lado de los que amas, no pienses que les vas a
decir, porque muchas veces más que tus palabras, necesitan tu
presencia, tu atención.
Feliz
lunes de presencia.

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