Gabriela
no aguantaba el frío, para nada servía poner mucha ropa. El frío
no venía del clima, sino de las actitudes de él. Algo que a vivido
lo tenía a eterna defensiva. Parecía que intentaba a proteger lo
que tenia dentro. Ella, con cariño intentaba romper el hielo,
atravesar las gruesas capas de indiferencia, para poder llegar al
corazón que latía ahí dentro. Hubo momentos que se derretía algo,
ablandaba un poco, pero luego un descuido volvía a cerrar las
pequeñas aberturas. Gabriela
necesitaba mucha paciencia, no estaba dispuesta a renunciar. No se
trataba de tener falsas ilusiones de que por obra de magia las cosas
van a cambiar. Ella quería acompañarle en el proceso de
auto-conocimiento y reconocimiento de las experiencias y vivencias
que provocaron en el tantas defensas y tanto miedo a sentir. El miedo
cierra las personas y las vuelve agresivas.
Feliz
martes sin hielo de indiferencia.

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