domingo, 3 de mayo de 2015

Paciencia perdida

Don Restituto era un hombre solitario y ya gastó toda su paciencia. Ya no le quedaba ni una gota. Se fue de su casa al almacén para ver si ahí podría comprar. Le dijeron que ya habían vendido toda y que tiene que esperar, con paciencia, la llegada de la nueva mercancía. Pero justo eso le faltaba, así que no podía esperar. Ni en el mercado de pulgas tenían paciencia usada, pues era un producto frágil, que se gastaba mucho. Un poco desanimado regresó a casa justo cuando llegó su nieta más pequeña. Su madre, que vino hacer un trabajo en la casa, la dejó bajo el cuidado de don Restituto, que ni tuvo tiempo de protestar. Aunque la pequeña apenas sabía pronunciar algunas palabras, se comunicaba sin problema, mirando con sus grandes ojos, abrazando, besando, riendo, tocando. Teniéndola en sus brazos sintió, como ella le contagiaba alegría y felicidad, amor y ternura. Con estos sentimientos, que no había experimentado hace tiempo, le regresaba la paciencia. Lo que pierdes en soledad, puedes recuperar compartiendo con los demás. La ternura es un concentrado de muchos sentimientos. No es posible sufrir consecuencias negativas de una sobredosis de ternura, así que toma sin miedo todo lo que necesitas y disuelve en un vaso del tiempo.

Feliz domingo de ternura.

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