Durante mucho tiempo les han
anestesiado con programas sobre famosos y sus vidas vacías. Ávidos
hojeaban las páginas de las revistas para estar al tanto de lo que
hacen, dicen, quieren los famosos. Alimentados a diario con
suplementos de noticias, asustados por la inseguridad con las
interminables crónicas policiales en las que convirtieron los
noticieros. Pensaban que no se puede hacer nada, en los pocos asuntos
que han conseguido atravesar la casi perfecta e impermeable capa de
ignorancia, que han creado alrededor de ellos los medios de la
“descomunicacón”. De vez en cuando, como si se tratase de un
invisible hilo que mueve las marionetas les movían despertando un
patriotismo futbolero u orgullo por las gloriosas páginas de la
historia de mucho antes de su memoria. El presente, la actualidad
social, política, brillaban por su ausencia en sus reflexiones y
conversaciones. Los que algo hacían en las calles, ya se sabe
quienes eran; los de siempre, los zurdos, los haraganes, los
revoltosos, sospechosos y peligrosos. Los que les robaban la
conciencia, en cambio eran honorables, creíbles y respetados.
Todavía quedaban las redes sociales, una perfecta válvula de
seguridad, donde se descargaba el enojo y la indignación, sin dejar
el rastro, ni perturbar a nadie de los responsables de lo que pasaba.
Tal vez no puedes hacer nada, casi nada o muy poco, pero de igual
manera, no te dejes de anestesiar y procura tener tu propia opinión,
aunque sea equivocada, que sea solamente tuya y no una copia de lo
que te han enseñado creer, pensar y decir.
Feliz martes sin anestesia.
Caso Curuguaty y tantos más...

No hay comentarios:
Publicar un comentario