En su casa no acostumbraban de dar
las gracias. Al contrario casi cada cosa que le ha tocado hacer
estaba acompañada de gritos y apuro. Le recordaban con frecuencia
cuales eras sus deberes y obligaciones. Era consciente de la realidad
machista de su casa, no pensaba rebelarse contra ella. Sabía que eso
no lo puede cambiar ahora, que tal vez en el futuro en su propia
casa. Lo que si querría cambiar es la falta de reconocimiento de lo
que ella y las demás mujeres de la casa hacían con tanto esfuerzo
y dedicación. Nada podía ni explicar ni justificar la fría y
exigente actitud de los varones en su familia. No pedían –
exigían, no cuando tengas tiempo o puedas sino ahora. No gracias muy
bien, muy rico, sino ya puedes limpiar, recoger porque terminé. Unas
simples muestras de agradecimiento sería suficientes para aliviar el
peso de los quehaceres y sacar una sonrisa. Se agradecido con todos
incluso con los que tienen la obligación de hacer una u otra cosa.
Feliz miércoles de gratitud.

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