viernes, 8 de julio de 2016

La palabra muy cara y la vida barata

La abuela Gumercinda vivía en su humilde casucha lejos de bullicio de la ciudad, lejos de las prisas y buenos caminos. No se quejaba de su suerte y decía que tenía lo que necesitaba. Cuando sus familiares la visitaban, tomaba su tiempo para escuchar lo que le quería contar. Hasta parecía que su perro guardián y compañero y su gato juguetón, escuchaban y ponían atención. La abuela Gumercinda sabía que el mundo a cambiado y que había muchas cosas que no entendía, no conocía. Algunas la maravillaban, otras más bien preocupaban. Le preocupaba la constante insatisfacción de sus nietos, que todo el tiempo querían algo nuevo, porque según ellos lo necesitaban para ser felices. Ella lo único que quería es poder oír bien, ver bien el mundo a su alrededor, que la comida no le haga daño y que pueda dormir una noche entera y hacer bien de cuerpo. Sabía que era mucho pedir a su edad, pero sabía que tampoco era exagerado. Lo que más la preocupaba, es que en el mundo del que le hablaron, ahí lejos de su casa, la vida era tan cara y la palabra tan barata. Ella casi nada compraba, así que no gastaba mucho para vivir, sin embargo valoraba la palabra dada. Siempre decía, que antes era al revés, la vida era muy barata y la palabra muy cara, al grado que la palabra dada y no cumplida a veces podía costar hasta la vida. Valora tu palabra y gasta en la vida lo necesario, sin excederte y sobrevalorar lo pasajero. Las cosas por muy sofisticadas y hermosas que sean nunca te van a hacer compañía.
Feliz viernes de compañía.

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