La abuela Ana ya no tenía tan
buenos ojos como antes. Ha perdido una parte de la visión remendando
prendas rotas y las vidas ajenas. Aunque sus ojos muchas veces la
tenían sumergida en la penumbra, sus palabras seguían luminosas
como siempre. Eran capaces de dar un poco de luz a cada persona que
venía ensombrecida por sus problemas y quebrantos. La abuela Ana ya
anduvo muchos caminos. Y por muy largos que fuesen siempre había un
lugar en done se podía descansar. Siempre existía la posibilidad de
dar un paso más, incluso después del que parecía el último. No
daba tanta importancia a las cosas que se terminaban, sino a las que
se podían empezar. La ilusión de lo nuevo vivido cada día, la
tenía animada y activa. Desde niña vio como su abuela y su madre
avivaban el fuego en el fogón usando las brasas del día anterior.
Así en la vida en cada nuevo día podemos avivar el fuego de amor,
esperanza, ilusión avivando las brasas humeantes del día anterior.
Siempre hay algo que se puede rescatar, re-usar, reciclar, algo que
te puede dar una nueva luz. No importa tu edad. Abuela Ana es el
mejor ejemplo de eso,aprovechaba lo viejo no para quedarse en los
recuerdos estériles sino para vivir el futuro con alegría.
Feliz martes de avivar el fuego.
Felicidades para todos los amigos y
amigas de la Parroquia de Santa Ana en Tanlajás, S.L.P en México.

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