No era un dormilón, aunque dormía
bien sin sufrir trastornos de sueño tan comunes en el mundo marcado
por el estrés. Dormía lo necesario, lo suficiente para descansar
bien y amanecer con las pilas cargadas. Eso sin embargo no impedía,
que en el camino de la vida se perdiera varias oportunidades para ser
feliz, no viera tantas cosas que estaban frente a sus ojos. En la
vida no basta dormir lo suficiente, hay que vivir como si uno no
estuviera dormido con los ojos bien abiertos y la mirada atenta.
Muchos de nosotros al esperar una felicidad grande, nos perdemos o
incluso en algunos casos desperdiciamos las felicidades pequeñas de
cada día, que forman parte del rompecabezas de la vida. Hay que
saber verlas, captar y poner en el lugar que les corresponde para que
aparezca la hermosa composición. No perfecta pero por eso tan
hermosa. Llena de matices y claroscuros que hacen resaltar la belleza
de cada detalle de cada momento. Entrena tu mirada para ver los que
es pequeño y con seguridad no te perderás lo que es grande, pero si
solo la entrenaste para ver lo grande pasara desapercibido lo
pequeño. La veda está llena de cosas pequeñas las grandes están
en minoría.
Feliz lunes con los ojos bien
abiertos.

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