No era bueno conduciendo, siempre
tenía miedo de choque con alguien que podría aparecer en su camino.
Le faltaba la capacidad de calcular bien las distancias entre objetos
en el movimiento. Y aunque no era buen detrás del volante, era muy
bueno encontrándose con la gente. Pues para él no existían las
distancias que impedían la comunicación. Aunque existía la misma
probabilidad de chocar con las personas, así como se choca con los
vehículos, éstos choques si que eran deseables, porque liberaban
una enorme energía. Una energía capaz de empujar, poner en el
movimiento los más atrevidos proyectos y programas, que mantenía la
carga de la esperanza y confianza en el mismo muy alto nivel.
Lógicamente para él los choques no eran enfrentamientos sino
encuentros. Cada uno de ellos ensanchaba su mundo, ampliaba su vista
y enriquecía sus pensamientos. Tenían sabor y aroma de la fiesta de
encuentro. No te prives de estos choques que son capaces de
transformar tu vida.
Feliz sábado de “choques” con
las personas.

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