Diana se sentía muy cansada, como
si hubiera caminado mucho, como si hubiera recorrido grandes
distancias. Llevaba una vida aparentemente tranquila y prácticamente
todo lo tenía cerca. Su cansancio no venía de los pies, aunque
éstos se podían sentir cansados, más bien venía del corazón. Es
que había un gran distancia entre lo que decía y lo que sentía. A
veces una distancia abismal y eso la tenía dividida, cansada, rota.
No es que Diana fue mentirosa, que quería ocultar la verdad. Ha
crecido en una casa en la que ciertas cosas se callaban. Donde cada
intento de entablar una conversación sobre cosas íntimas fue
silenciada y extirpada de la raíz, porque tenían trabajo, porque
tenían cosas más importantes que hacer, porque no tenían tiempo
para tonterías. En su casa supuestamente siempre se cuidaba lo que
era correcto. Así que después de varios intentos fallidos se
callaba. Sentía una cosa y decía otra, eso cansaba. Tener a nuestro
lado a alguien a quien podemos decir lo que sentimos, sin que nos
juzgue, interrumpa, califique y que nos de consejos solo cuando se lo
pedimos, es un tesoro invalorable. Acerca tus palabras a tus
sentimientos y escucha a los que te hablan sobre lo que sienten
aunque te pueda parecer que exageran, si lo haces es porque lo
necesitan.
Feliz martes de cercanía entre
palabras y sentimientos.

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