sábado, 9 de julio de 2016

Moldes que asfixian

A veces sentía que cada palabra que le decían le pesaba de sobremanera, que la asfixiaba, ataba los pies para no salir corriendo de aquí. Las respuestas se le atoraban en la garganta. No las pronunciaba. Al no pronunciarlas se clavaban en diferentes partes, pero sobre todo en el cuello, hombros, la espalda, en el estomago, provocando tensión y dolor en cada una de estas partes. No sabía si tiene derecho o no, a tener opiniones distintas a las que ellos tenían acerca de la vida y acerca de lo que debe o no debe hacer. Agradecía mucho el sacrificio de ellos, la educación que le han dado, pero no quería someterse a sus moldes, se asfixiaba en el mundo en el que todo tiene su lugar y todo ya está dicho, sin espacio a la invención, improvisación y la sorpresa. Sentía que de vez en cuando le faltaba este extraño sabor de locura que le hace vibrar hasta los huesos. Ella tan responsable y dedicada necesitaba un contrapeso de “irresponsabilidad” para mantener el equilibrio. Nadie lo entendía, ni ella sabía por qué es así. Tenía que sentarse calmar y empezar a caminar su propio camino, pero sin rupturas bruscas, sin dramáticas separaciones. Determinando lo que quiere cómo y por qué. No esperes que alguien te entienda, si todavía no te entendiste a ti misma/o.
Feliz sábado de claridad.

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