Era una persona que se dejaba influenciar
demasiado. Según ella no quería tener problemas con nadie, lo que era algo
bueno, pero al querer alcanzar este objetivo permitía que otros intenten
moldear su vida. Eso se volvía peligroso, porque muchas veces las diferentes
personas quieren al mismo tiempo cosas diferentes incluso contradictorias. No
existen materiales que puedan resistir, sin ser afectados, fuerzas contrarias,
presiones de todos los lados. Siempre se llega al punto de quiebre. Cada uno de
nosotros tiene que buscar su propia identidad, ser respetuosos con los demás,
escuchar sus opiniones, pero también tener criterios propios y valores que no
se negocian y se moldean al antojo de los demás. Así otros sabrán con qué y cuándo
pueden contar con nosotros. Sabrán también cuándo no, por la simple y sencilla
razón de que lo que nos van a proponer está de acuerdo o desacuerdo con
nuestros principios y valores. Eso tiene un nombre que está en desuso – la
coherencia. Escucha opiniones y críticas pero trata de ser coherente.
Feliz jueves de principios y coherencia.

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