No era buen tiempo para ellos. Su
amor se les caía a pedazos. Cada silencio provocaba que se
despegaban pedazos de palabras todavía frescas, dejando por donde
pasaban las manchas de sentimientos. Lo que aumentaba el peligro de
pisotear por un descuido lo que era importante para el otro. Por el
amor soñaban ser uno solo, tan compenetrados, enamorados, unidos. La
realidad les demostraba lo contrario. Seguían siendo dos, muy
distintos a veces. El amor une pero el amor no funde no absorbe ni
aniquila las diferencias. Éstas persisten y a veces con el tiempo se
hacen más evidentes, más visibles. Amar en diversidad no es
sencillo, implica la apertura y la acogida. No olvidemos que la otra
parte tiene y tendrá siempre lo que amamos tanto, lo que nos gusta
en ella y lo que no nos gusta nada. Eso también le pertenece y eso
también aceptamos. Podemos dialogar intentar modificar, pero tenemos
que aceptar que tal vez fracasaremos en el intento, y eso no quiere
decir que ya se terminó el amor. Respeta los silencios necesarios
vinculados al descanso y a la reflexión, evita los silencios vacíos
de contenido, llenos de dolor amargura y resignación. Que tu
silencio tenga sabor a respeto y no a la derrota con sombra al
dialogo estéril. Habla y escucha.
Feliz lunes de recibimiento y
aceptación de las diferencias.

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