Sembraba las palabras con mucha ligereza y con
muy poca responsabilidad. Las palabras sueltas caían por doquier y él muchas
veces ni se acordaba qué dijo, ni cuándo ni a quién. Las palabras sembrabas
brotaban y de repente traían frutos, no era fácil prever cómo serán estos
frutos por causa de una siembra tan irresponsable y descuidada. Las indirectas,
las bromas, los comentarios, todos llevaban en si una semilla de sentimientos
no siempre tan positivos como intentaba aparentar. Aunque ciertamente no somos responsables
por lo que otros pueden entender cuando hablamos, si como responsables por lo
que decimos como lo decimos donde y con qué intención. Porque tarde o temprano
nos puede tocar a cosechar los amargos frutos de nuestros desubicados
comentarios, palabras puntiagudas sembradas bajo los pies de los que caminan.
Respeta las palabras y los sentimientos que llevan cerrados dentro.
Feliz miércoles de siembra responsable.

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