Aida tomó la decisión de limpiar
un poco su casa y de paso limpiar un poco su vida. No es porque
estaba muy sucia, sino porque no se sentía cómoda entre muchas
cosas acumulados a lo largo del tiempo. Limpiar muchas veces se
vuelve sinónimo de ordenar, acomodar, y despejar. Había muchas
cosas sueltas que estaban por ahí sin utilidad y sin vinculación
unas con otras. Encontraba algunas promesas viejas que nunca se
cumplieron y ya caducaron e inútilmente ocupaban el espacio. Unas
cuantas confianzas que al no encontrar el destinatario digno de ellas
regresaron a remitente en su envoltura de amistad, complicidad y
cariño. Su presencia le quitaba la libertad de movimiento y a veces
traía recuerdos amargos. Uno para vivir necesita espacio, necesita
libertad. Los recuerdos del pasado pueden atormentar, llenar de dudas
y frenar cualquier intento de vivir algo nuevo en el futuro. Aprende
de lo que has vivido, no olvides, pero libérate del peso de los
recuerdos, y permite que la vida te sorprenda. Si tu quieres, vas a
descubrir que lo nuevo que te espera, no es la repetición de lo
viejo que has vivido.
Feliz domingo de despejar el
espacio.

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