Hacía todo para verles felices.
Ellos acostumbrados que las cosas siempre estaban hechas no se
cuestionaban sobre su salud, su cansancio. Ella no esperaba
reconocimientos, solo una mirada y tal vez un gracias colgado en el
aire que lo pueda recoger antes que se caiga y antes que por las
constantes prisas lo pisen sus pies cansados. Esperaba estos momentos
en la mesa siempre impecable siempre preparada con suficiente espacio
para las palabras y los sentimientos. Pocas veces ellos ponían algo,
así que con los platos vacíos recogía el silencio vacío, una que
otra vez salpicado con una lagrima que caía porque no la supo atajar
a tiempo. No quería que el vacío se vuelva el huésped habitual de
su casa, un miembro más de su familia. Dispuesta a acoger a todos
quería darles el lugar y la atención que se merecen. Lo único que
no quería es que se haga invisible antes del tiempo disolviéndose
entre los trabajos. Cuando ves el trabajo hecho en tu casa no olvides
que no se hizo solo, que detrás en silencio está una persona, un
rostro, un cansancio, un sentimiento.
Feliz viernes de reconocimiento y
sin vacío.

No hay comentarios:
Publicar un comentario