domingo, 24 de noviembre de 2013

Caldo de domingo

Los domingos por la mañana Doña Eustaquia empezaba preparar su caldo de aromas y amores. Según la vieja sabiduría que lo mejor se hace a fuego lento, empezaba muy temprano y por eso se levantaba primera. Como por la cocina pasaban todos, que se iban despertando después de ella, a todos les daba buenas días y unas caricias que se caían al caldo, entre risa y risa. Se mezclaban las verduras con las esperanzas de una nueva semana. A cada cosa que echaba a la olla le daba un buen baño de cariño. Doña Eustaquia no preparaba comida, preparaba alimentos, pues lo que ella hacía y como lo hacía alimentaba no solo cuerpo sino también el alma.

Feliz Domingo de alimentar el alma

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