Los
domingos por la mañana Doña Eustaquia empezaba preparar su caldo de
aromas y amores. Según la vieja sabiduría que lo mejor se hace a
fuego lento, empezaba muy temprano y por eso se levantaba primera.
Como por la cocina pasaban todos, que se iban despertando después de
ella, a todos les daba buenas días y unas caricias que se caían al
caldo, entre risa y risa. Se mezclaban las verduras con las
esperanzas de una nueva semana. A cada cosa que echaba a la olla le
daba un buen baño de cariño. Doña Eustaquia no preparaba comida,
preparaba alimentos, pues lo que ella hacía y como lo hacía
alimentaba no solo cuerpo sino también el alma.
Feliz
Domingo de alimentar el alma
No hay comentarios:
Publicar un comentario