Los
días de la vida de Lidia transcurrían sin grandes sobresaltos. Una
hora perseguía la otra, un día el otro. De tanto usar las horas
estas parecían medio desteñidas tirando hacia el gris. Lidia
remendaba estas horas grises con algunos parches de alegría,
haciendo fiestas sin mucha ocasión ni pretexto. Tanta era su alegría
compartida, que lo gris desaparecía y se formaba un mosaico. No es
necesario esperar cosas grandes. Hay que vivir atentamente para ver y
coleccionar las pequeñas alegrías de cada día. Muchas veces nos
quejamos de vicio, porque todos lo hacen, sin ver el mosaico, la
totalidad de nuestra vida.
Feliz
Viernes de parches de colores.
No hay comentarios:
Publicar un comentario