Flor
los domingos hacía un paseo. No cualquier tipo de paseo. Un paseo
para dentro de su alma. Lo hacía armada con una escoba y un
recogedor, una tirita, una curita y un cubito de azúcar. Este
extraño armamento, le servía a lo largo de camino de su paseo.
Aprovechaba para revisar lo que ha caminado toda la semana. Se daba
tiempo para caminar sin prisa mirando bien. De vez en cuando, barría
algunos rencores, recogía promesas vacías, con la tirita unía las
distantes muestras de cariño. La curita servía perfectamente para
sanar las heridas que dejaban algunos gestos o algunas palabras. Y
con azúcar endulzaba las pequeñas amarguras de cada día. Al
terminar su paseo satisfecha se sentaba para disfrutar del día.
Feliz
Domingo de Paseo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario