Marcos
cuando se enfrentaba a un problema, apretaba los puños, tensaba todo
su cuerpo y aceleraba su respiración. Luego al tranquilizarse sentía
mucho dolor en el cuello y en los hombros. Todo eso sin saber por
qué, sin encontrar una explicación a sus reacciones exageradas. Su
memoria para defenderse ha bloqueado la borrosa imagen de aquel
hombre a quien debería llamar “Papá”. Su memoria a olvidado
pero su cuerpo recordaba perfectamente los gritos, insultos, golpes
desde el tiempo de embarazo de su Mamá y de la más tierna infancia.
El hombre se fue, pero el miedo, el susto, las amenazas, se han
quedado en el cuerpo de Marcos. Solo mucho amor que le dio su Madre
ayudo curar las heridas, pero se quedaron las cicatrices, se quedaron
las marcas en el cuerpo de Marcos.
Feliz
Sábado sin puños apretados
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