Carmen ordenaba en una
fila sus pequeñas felicidades. Les sacaba un nuevo brillo con el
baño de recuerdos. Al ponerlos en fila veía claramente, que su
felicidad no solo eran unos instantes, separados por el sufrimiento,
sino que era un proceso, un camino. Cada cosa vivida, al final
llevaba a la otra por vivir. Como no se aferraba a una sola solución
previamente diseñada, se dejaba a sorprender. No exigía a la vida
respuestas a todas las preguntas, más bien esperaba señales, de
cómo mejor aprovechar las cosas que tenía entre sus manos, para
seguir sonriendo al destino y que este a su vez, le sonría a ella. Y
cuando Carmen sonreía hasta el destino se enamoraba y ponía feliz.
Feliz Martes de conexión
entre pequeñas felicidades.
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