Lourdes se
sentó en la mañana para hacer un recuento de sus “Yo quiero...”.
Entre su rosario de deseos, había algunos que se quedaban en su piel
entre vestidos, cremas y fragancias. Otros llegaban hasta su alma.
Pues tanto caricias, como besos y palabras pasaban todas las barreras
y llegaban a corazón y desde allí con la sangre se bombeaban a
todas las células de su cuerpo dándole más vida. Algunos “yo
quiero” eran de realización inmediata, otros necesitaban un tiempo
y un proceso para su realización. Muchos “yo quiero” estaban
acompañados de una convicción de un “yo puedo”. Después de su
recuento de sus “yo quiero” sintió que la felicidad está más
cerca de lo que se imaginaba. Muchas veces en la vida decir ya forma
la primera etapa de hacer.
Feliz Viernes
de Nombrar nuestros “Yo quiero...”
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