Juana toda la semana buscaba las miradas de los
suyos, y casi siempre se le escapaban con la excusa de prisas y
trabajos que tenían que hacer. Los domingos los atrapaba y ellos se
dejaban a atrapar sin resistencia cautivados por las sonrisas y
aromas que desde la mañana llenaban la cocina. Juana tan comprensiva
y permisiva en muchas cosas, en una no negociaba con nadie. En su
casa los domingos las prisas eran terminantemente prohibidas. Y las
prisas no insistían se tomaban el día libre.
Feliz Domingo sin Prisas
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