En un caluroso
día de verano, don Policarpo sentado en la generosa sombra de un
mango, repasaba las páginas de su vida. En cada pagina encontraba
cosas, que pasaban por dentro pero muy vinculadas a cosas que había
afuera. Personas, lugares, casas y caminos han llenado el libro de su
vida, incluido este mango amigo con su gran sombra. A veces, don
Policarpo se decía: si el mango da sombra, el agua frescor, ¿qué
doy yo a mi Familia? La respuesta que venía sola era el amor...
puede ser cierto, pero ¿cómo se traduce eso? ¿Ellos lo saben? A su
edad, don Policarpo se dio cuenta, que la sombra de su mango amigo
era el mejor lugar, para comunicar a su Familia, con palabras y
gestos, lo que su corazón siente para dentro.
Feliz Lunes de
decir palabras vividas.
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