Un día José
Antonio se asustó al descubrir que sus “antes” superaban en cantidad sus “después”.
En cada conversación se anclaba en los recuerdos, cada vez menos hablaba de sus
planes ilusiones y proyectos. La edad de su cuerpo no avalaba esta situación,
la edad de su espíritu sí. José Antonio envejecía por dentro pegado a su sillón.
Se acostumbraba a decir “no puedo”, más todavía con el tiempo se lo creía,
encontrando diferentes argumentos. El cuerpo escucha a espíritu, escucha a
nuestra mente. Muchas veces así somos como pensamos. La baja autoestima de la
mayoría se encarga de todo tipo de fechorías.
Feliz Viernes
de muchos “después”
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