Su casa siempre era muy hospitalaria,
en ella todos los amigos encontraban un espacio. Acogía a sus
visitas, pero acogía mucho más que eso. También siempre eran
bienvenidas sus palabras, sus pensamientos, sus sueños y temores.
Todo eso acogía con mucho respeto y mucha delicadeza, porque nunca
se sabe lo que es importante, lo que es valioso sagrado e imprescindible para
otra persona en este momento de su vida. Cada persona valora cosas
diferentes y las valora de distinta manera. En un mundo lleno de
prisas, hostilidades e incomprensiones lo que más desea que se le
acoge con todo lo que es y todo lo que vive. No quería recibir
consejos sin haberlos pedido, ni escuchar opiniones y valoraciones sin
haberlas solicitado. Simplemente quería estar así como es, sin
esconder ni disimular nada. Trata de acoger a otros, sin obligarlos a
ser diferentes, sin esperar que siempre respondan a tus expectativas.
Feliz martes de buena acogida.

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