Las palabras entre ellos se
resbalaban y a veces no llegaban a su destino. Si llegaban, ya
llegaban todas lastimadas y cansadas, sin vigor, sin fuerza, sin
energía. Palabras cansadas marcan vidas cansadas, no transmiten
tanto su contenido, como su energía debilitada, su cansancio que se
contagia, que invade y empieza a dominar a las personas y a sus
sueños. En vez de animar paralizan. Tienes que dejar a reposar las
palabras. Reposar tu cuerpo y tu espíritu. Cuando reposan no tengas
miedo de los silencios ellos sirven de fondo para palabras que valgan
la pena de ser pronunciadas. Permite sentirlas y percibir con toda la
claridad. Revisa bien el terreno para ver lo que hace resbalar las
palabras, por qué se deslizan tan fácilmente y cambian de rumbo.
Asegura su fuerza protege su contenido y haz que lleguen a su
destino.
Feliz sábado de palabras que llegan
a su destino.

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