No tenía grandes exigencias en la
vida. No pretendía ser el centro de la atención, no se creía el
ombligo del mundo. No exigía atenciones extraordinarias solo quería
cuidar y que la cuiden. Con un sencillo estar al lado. Con una mirada
de comprensión y complicidad o de aviso y advertencia. Cuando se
sentía cuidada, los demonios de sus miedos huían, porque nadie
hacía caso a sus insistentes voces, que intentaban a convencerla, de
que no se puede, de que es imposible, de que no vale la pena. No
esperaba un cuidado tipo “airbag”, que proteja de todos los
choques. Esperaba un cuidado de presencia, sin juicios y prejuicios.
Capaz de escuchar y dejar espacio para los errores. Capaz de enseñar
el camino y si es necesario también capaz de hablar. Cuida y serás
cuidado. Hazlo con respeto y sin adueñarse de los que cuidas. Que tu
cuidado no les reste la libertad.
Feliz miércoles de cuidado.

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